
Un principio recurrente en la propaganda antichavista es tratar algunas medidas del gobierno, que serían normales en cualquier otro país, como anormales y propias de una dictadura totalitaria. El último ejemplo lo hemos presenciado con la ridícula provocación del eurodiputado del PP Luis Herrero. Y digo provocación porque no puedo concebir que alguien sea tan torpe o inconsciente como para hacer lo que Herrero y confiar en que nada ocurra. Obviamente, al violar la normativa electoral, las autoridades han actuado en consecuencia.
Todo esto es tan elemental que incluso el PSOE lo ha reconocido al declarar que “no se puede intervenir durante el proceso electoral, eso es de sentido común”. Pero por muy de sentido común que sea, hablamos de Venezuela, así que el asunto debe dramatizarse al máximo. Veamos cómo los protagonistas describen el proceso. Según Herrero:
"Yo estaba con Carlos Iturgaiz en la cafetería del hotel cuando aparecieron dos tipos, que se identificaron como policías y me dijeron que tendría que esperar allí a que me trajesen un mensaje de la cancillería. Carlos y yo aparentamos tranquilidad, y seguimos hablando de la pegada de carteles del día anterior en el País Vasco. Después de media hora, se presentó por fin el funcionario de Exteriores acompañado de seis o siete policías más. Me preguntó:
-¿Es usted el diputado Herrero?
Fue decirle que sí y se abalanzaron sobre mí. Uno me cogió del cuello, otro de los brazos, otro me empujaba de la cintura. Me sacaron de allí como si me llevaran en la sillita de la reina. Carlos Iturgaiz se portó como un valiente. Se intentó interponer en su camino y le quitaron el teléfono móvil como si estuvieran desarmando a un pistolero en el oeste. Lo avasallaron. Por supuesto, no dejaron que recogiera mi equipaje ni mi pasaporte. También a mí me quitaron el móvil".
"Me montaron en una furgoneta y salimos de allí como en una persecución de película americana. Yo utilicé mi mejor tono para pedirles que me explicaran qué estaba pasando, pero lo más que conseguía fue que el policía que iba sentado a mi lado moviera la cabeza diciendo que no. Esos momentos de preocupación, de incertidumbre, fueron los peores. Psicológicamente, fue el peor trago, aunque espero que no tenga consecuencias. Pero sí, me sentí secuestrado. Aunque también tengo que decir -en honor a la verdad- que en ningún momento dudé de que se trataba de policías -tenían una pinta inconfundible-, y que el maltrato no se prolongó más allá de la abrupta salida del hotel. Después de 15 o 20 minutos, conseguí que se ablandaran. Y cuando les pregunté -siempre de la forma más educada posible?si me estaban llevando al aeropuerto, uno de ellos me dijo: "Sí, y no se preocupe, estamos aquí para garantizar su seguridad".
Según Iturgáiz:
"Dos policías le pidieron a Luis que les acompañara y él me pidio que estuviera a su lado. Nunca imaginé que unos minutos más tarde 20 policías iban a agarrarle de las piernas, del cuello, lo iban a coger en volandas, como en un secuestro, sin que nos mostraran ni una orden de detención ni nada por el estilo pero aseguraban que Luis había sido expulsado del país"
(…)
"Tras agarrar a Luis un policía me quitó el teléfono móvil y yo corrí detrás de los policías hasta el exterior del hotel. No estaba claro si tras su secuestro los policías lo llevarían al aeropuerto o a cualquier otro lado. Temí una tragedia",
Lo primero destacable en esta historia es una cuestión de vocabulario: en Venezuela la policía no “detiene” sino que “secuestra”. Lo segundo es la omisión por parte de Herrero de la comunicación de expulsión. En efecto, según Herrero “fue decirle que sí y se abalanzaron sobre mí”, mientras que Iturgáiz dice que los policías “aseguraban que Luis había sido expulsado del país”. Sin embargo, el propio Iturgáiz dice luego que “no estaba claro si tras su secuestro los policías lo llevarían al aeropuerto o a cualquier otro lado." ¿Cómo que no estaba claro si le habían "asegurado" que había sido expulsado? "Temí una tragedia”, añade Iturgáiz, y Herrero también habla de “preocupación” e “incertidumbre”. ¿Por qué ese temor? ¡Porque es Venezuela! Y ya sabemos que con Chávez todo es posible.
Un último punto, más anecdótico pero que ilustra el poco rigor de esas descripciones, es el que se refiere a la detención en sí. Iturgáiz habla nada menos de 20 policías llevando a Herrero en volandas, en una escena que no se habrían atrevido a filmar ni los hermanos Marx. Pero según Herrero, “uno me cogió del cuello, otro de los brazos, otro me empujaba de la cintura. Me sacaron de allí como si me llevaran en la sillita de la reina”. Aquí son sólo tres los policías, uno de ellos empujando por la cintura, algo incomprensible si lo están llevando a uno en volandas, en la “sillita de la reina”.
Por otra parte habría que saber si Herrero se resistió de algún modo a la detención. Como es lógico, en sus declaraciones no consta tal resistencia, pero sí la de Iturgáiz, quien “se intentó interponer en su camino”. Tal vez Herrero se negase a ser detenido, momento en el que la policía utilizó la fuerza. O quizás no y la policía simplemente se excedió. Sea como fuere, no es tan extraordinario que la policía emplee métodos violentos para detener a alguien, tanto si es de Venezuela como de otro sitio.
Por último, es interesante comparar la reacción mediática en este caso con el de otra expulsión reciente, esta vez en Reino Unido. Leemos ayer el siguiente titular en El País:
“Reino Unido expulsa a un diputado holandés muy crítico con el islam”
El gobierno británico declaró que la expulsión se debió a que las opiniones de este diputado, Geert Wilders, “comprometen el orden público y la seguridad nacional”. Y Wilders declaró, “me han encerrado en un centro de detención en Heathrow; estoy detenido, se han llevado mi pasaporte y no me permiten entrar en el país. Me van a enviar de vuelta a Holanda”.
A diferencia del caso venezolano, en la expulsión de Wilders no se apeló a ninguna ley sino que parece la actuación arbitraria del gobierno. En cambio, en el caso de Herrero sí hubo violación de la ley. Según el Consejo Nacional Electoral de Venezuela:
“Dada la gravedad de estas declaraciones, este poder electoral decidió no emitir la credencial como observador que había sido solicitada en horas de la tarde. No le corresponde a los observadores políticos ni a los acompañantes internacionales juzgar las actuaciones del poder electoral ni el proceso en curso. Eso está establecido en la normativa de este proceso electoral que rige las actuaciones de los observadores políticos y acomp internacionales.”
Resumiendo, el caso de Luis Herrero es un ejemplo claro de propaganda demonizadora contra el gobierno de Venezuela. El comportamiento de Herrero sería inconcebible en otro país, como también sería inconcebible que otro gobierno hubiera actuado de un modo distinto. Pero de cara a los medios de comunicación nada de esto importa, porque la imagen negativa del gobierno de Chávez ya está asentada en la opinión pública española, y en función de tal imagen se interpretan los hechos. Mañana votan los venezolanos.
Javier Adler