sábado 12 de noviembre de 2011
Julio Anguita: «salirse del Euro es un caos, pero quedarse es una catástrofe»
ALBERTO ROMÁN VÍLCHEZ
La Escuela Universitaria de Magisterio SAFA de Úbeda celebró en la tarde de ayer viernes la primera conferencia del programa Aula Fe-Cultura del curso 2011-2012, una iniciativa que suma ya doce ediciones favoreciendo la reflexión y el diálogo. La ponencia fue impartida por el político y maestro Licenciado en Historia, Julio Anguita González, quien habló sobre el tema 'Política y ética en la actualidad'. Ante un Aula Magna abarrotada, el ex coordinador de Izquierda Unida analizó muchos temas de candente actualidad desde su conciso punto de vista. Lógicamente, se refirió a la actual situación de crisis, asegurando que el desarrollo económico no es directamente proporcional al descenso de las tasas de paro.
Ya no hay trabajo para todos
Según declaró previamente a la prensa, «es mentira que haya que buscar que crezca la economía para crear empleo. La economía puede crecer y el empleo no se creará por una razón: ya no hay trabajo para todos los seres humanos en el planeta Tierra. Porque la capacidad productiva, la maquinaria, la cantidad de personas que han creado empresas, la aparición de China, de India, de Mexico y de países que cada vez producen más, hace imposible que haya trabajo para todos a ocho horas». ¿La solución?: «hay que empezar a hablar de repartir el empleo», añadió.
En términos económicos, analizó igualmente el contexto europeo, profetizando que España abandonará el Euro: «la situación está muy mal. No hay quien pague la deuda, porque la deuda no se puede pagar. Es más, nos vamos a salir del Euro, porque además el Euro ha sido un tremendo error. Salirse del Euro es un caos, pero quedarse es una catástrofe. No se puede construir una moneda única sin convergencia de las economías, sin convergencia social, sin un presupuesto digno de tal nombre.... ¿Qué es el Euro?: el Marco cambiado de nombre. Y Alemania se ha beneficiado. Es verdad que al principio soltó dinero, pero a partir de ahí empezó a recoger».
Los de arriba y los de abajo
Respecto a las próximas elecciones, además de considerar que «los debates electorales actuales no sirven para absolutamente nada», Anguita dijo que «el político no puede decir: votadme que yo lo arreglo. Lo que debe decir es: chiquitos, a pelear, y yo con vosotros». Y afirmó que es necesario cambiar mentalidades: «¿a quién votamos?... no es cuestión de votos. ¿Dónde esta la receta?... no hay receta. Hay que asumir que el problema hoy no está entre derecha e izquierda, sino entre los de arriba y los de abajo».
El suyo, dijo, no es un mensaje negativo, pero sí realista: «yo soy optimista por naturaleza, pero lo que pasa es que soy un optimista combatiente. Ser optimista es transmitir a la gente un mensaje lleno de realismo, de esperanza y de lucha», apostilló.
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Poema licencioso

El hombre está desnudo
en medio de un comedor de empresa.
Un enorme comedor de empresa,
un enorme
comedor de mujeres,
donde hay que hacer cola
y sostener una bandeja,
e ir cogiendo los platos de uno en uno.
Hay mujeres de edad avanzada
pero también hay jóvenes,
aunque la mayoría tienen unos treinta y tantos,
tirando a cuarenta.
Tienen todas mucha clase,
van sutilmente maquilladas,
y visten elegantemente.
Son señoras,
de pendiente de perlas
foulard de cien euros,
y peinado de peluquería.
El hombre desnudo es el salero,
su esperma es el condimento,
le van llamando desde las mesas
para masturbarle
sobre los platos.
Lo hacen con mucha clase,
cogiendo la polla entre el índice y el pulgar,
agitándola breve y educadamente
hasta que se corre encima del plato,
o del cuchillo de untar.
El problema es que cuando el hombre desnudo se corre,
su orgasmo es auténtico,
muy violento,
y gime a gritos,
se agarra a cualquier cosa,
manotea y sufre espasmos,
vuelca las mesas,
dejándolo todo hecho un asco.
Un enorme comedor de empresa,
un enorme
comedor de mujeres,
donde hay que hacer cola
y sostener una bandeja,
e ir cogiendo los platos de uno en uno.
Hay mujeres de edad avanzada
pero también hay jóvenes,
aunque la mayoría tienen unos treinta y tantos,
tirando a cuarenta.
Tienen todas mucha clase,
van sutilmente maquilladas,
y visten elegantemente.
Son señoras,
de pendiente de perlas
foulard de cien euros,
y peinado de peluquería.
El hombre desnudo es el salero,
su esperma es el condimento,
le van llamando desde las mesas
para masturbarle
sobre los platos.
Lo hacen con mucha clase,
cogiendo la polla entre el índice y el pulgar,
agitándola breve y educadamente
hasta que se corre encima del plato,
o del cuchillo de untar.
El problema es que cuando el hombre desnudo se corre,
su orgasmo es auténtico,
muy violento,
y gime a gritos,
se agarra a cualquier cosa,
manotea y sufre espasmos,
vuelca las mesas,
dejándolo todo hecho un asco.
















